Muy poco es lo que llega de la cultura oriental a los hogares de occidente. Sin embargo, hay cosas, obras y nombres que resultan fácilmente reconocibles. Es el caso del director de cine Akira Kurosawa. Este simbólico personaje nació en 1910 y se inició casualmente en el cine, pues su oficio y su vocación estaban volcados hacia la pintura. Antes de ser director, fue auxiliar y guionista. Su éxito internacional llegaría con "Rashomon", un famoso cuento de Akutagawa llevado a la pantalla grande, en la que todos los personajes que fueron protagonistas de un crimen dan su versión de los hechos. "Rashomon" recibió el Oscar a la mejor película extranjera en 1951 y también obtuvo el León de Oro en el festival de Venecia, entonces sí su obra se difundió por todo el planeta. Su ya rica producción fílmica, se vería ampliada con títulos como "Los Siete Samuráis" (1954), "Derzu Uzala" (1975), "Kagemusha" (1980) y "Ran" (1985). Akira Kurosawa supo quitarle el tono pintoresco a las películas japonesas y logró dotarlas con una aguda crítica social, no exenta de análisis psicológico de los personajes. En la Argentina su obra está muy difundida, pero solo en algunos sectores que admiran el llamado cine-arte, pues la mayoría, aún acostumbrada al ritmo de las películas estadounidenses, considera muy abúlicas las escenas rodadas por el maestro japonés. Afectado por distintas etapas de crisis depresivas, Kurosawa pasó últimos años de su vida encerrado en una fortaleza. |